Palabras de Andy Waterman
Fotos de Chris Alonso, Diego de la Iglesia Rodríguez
Este verano, Nico Liu, de 24 años, completó la TransPyrenea (900 km), el UTMB (171 km) y el Tour de Geants (330 km) en una sola temporada. Es la primera persona en completar ese triple, y aunque en sí mismo supone un logro extraordinario, para Nico, que creció en China y vive actualmente en el Jura suizo, correr va mucho más allá de los resultados: cada kilómetro es una experiencia que saborear, y el sentido de comunidad que construyes en las carreras, ya sea corriendo o como voluntario, genera una conexión que trasciende los números de la clasificación.
Mientras muchos atletas se obsesionan con recortar tiempos, Nico se centra en vivir cada momento, cada paisaje y cada encuentro al máximo. Si llegas dentro del tiempo límite, ¿para qué correr?
Su filosofía se puso a prueba en la TransPyrenea de 900 km. Una prueba de esa distancia es menos una carrera que una peregrinación, y Nico la vivió como tal. "Solo quería tomarme mi tiempo en la montaña", dice. "Quería disfrutarla". Su estrategia giraba en torno a la alegría, no a la velocidad. Planeó dormir entre 5 y 6 horas cada noche y evitó deliberadamente correr de noche cuando no había paisajes que lo inspirasen. "No corría de noche", explica, "porque no podía disfrutar de nada".

Una de las ventajas de correr en Europa es que, incluso en la montaña, nunca estás lejos de la civilización. Nada de geles: el plan nutricional de Nico se parecía más a una ruta gastronómica. Apostó por comida sólida, deteniéndose a comprar "salchichones y queso" en granjas locales y disfrutando de las distintas cocinas regionales mientras cruzaba del Mediterráneo al Atlántico. Incluso se paraba casi a diario a mediodía a tomarse "una cerveza si encontraba un bar o restaurante", seguida de una siesta reparadora en plena naturaleza.
La mayoría de los corredores necesitaría un largo periodo de recuperación tras una prueba tan exigente, pero Nico, que había llegado a la costa atlántica francesa, viajó de vuelta a los Alpes hasta Chamonix para ejercer como voluntario y luego participar en el UTMB, el mundialmente famoso recorrido de 170 km alrededor del Mont Blanc.
"Cogí el tren y me fui a Chamonix", recuerda, "y enseguida empecé a hacer tareas de voluntario".
Para Nico, el voluntariado no es una obligación, sino una parte esencial de su identidad como corredor. Lleva colaborando en carreras desde pequeño, desde pruebas de esquí hasta maratones. Así encontró su comunidad por primera vez y es su manera de seguir "devolviendo algo". Su experiencia al otro lado de la mesa de avituallamiento le aporta una perspectiva única y le ha permitido conocer a quienes realmente hacen posible el ultratrail: los organizadores, los voluntarios y los corredores.
"Es como un retorno", dice. "Tú animabas a la gente, y ahora esa misma gente y los voluntarios te animan a ti cuando corres estas pruebas".
Esta mentalidad de comunidad ante todo se puso a la máxima prueba en el UTMB. La carrera comenzó con una lluvia intensa que se convirtió en nieve en altura. Nico vio a corredores de élite sufriendo, con sus carreras truncadas por la imposibilidad de mantener el calor corporal. Llegó al avituallamiento de Courmayeur, en el kilómetro 82, aproximadamente a mitad de recorrido, tras 14 horas de carrera. Tenía frío y su objetivo principal había quedado fuera de su alcance.
En ese momento clave de la carrera, Nico tomó una decisión. No entró en pánico ni se lanzó a una marcha agónica. No abandonó. Hizo lo que mejor sabe hacer: abrazar el momento y buscar la alegría. "Sencillamente abandoné ese plan", dice. En su lugar, se puso toda la ropa que llevaba, descansó y se apoyó en la comunidad de voluntarios, disfrutando de su compañía y del sentimiento de estar todos juntos en esto. "Pasé una o dos horas en la base charlando con los voluntarios que conocía", cuenta.
En ese instante, Nico redefinió su carrera. Decidió "valorar de verdad cada paso". En el podcast de Mount to Coast, nos contó: "solo puedes tener un primer UTMB". Soltó la presión, "malgastó" el tiempo sin remordimientos y planeó terminar al tercer día, apenas un par de horas antes del corte final. Empezó a tomarse descansos de dos o tres horas en los avituallamientos. Durmió. Comió. Conversó. Y terminó "sin estrés".

Esta es la filosofía de Nico. No se trata de ser el más rápido ahora mismo. Se trata de construir una base para una vida larga, sana y feliz en el deporte. "Simplemente no quiero perder la forma en que disfruto la carrera", dice.
En un deporte edificado sobre la superación de límites de tiempo y distancia, su enfoque resulta a la vez desafiante e inspirador. Cuando eliminas la presión de hacer todo lo más rápido posible, abres la puerta a encontrar alegría en la montaña en lugar de intimidación. "Solo quiero compartir otra forma de hacer ultratrail", explica. "Simplemente vamos de una manera que nos hace disfrutar". Su filosofía está dando frutos. Hace poco recibió un mensaje de una estudiante de secundaria que estaba pasando por un momento difícil. "Me dijo que yo la había influenciado de verdad", cuenta, y para Nico, esa es la verdadera victoria. "Eso me hace querer seguir haciendo esto y continuar compartiendo".
Nota técnica
Acumular tantos kilómetros exige un material indestructible. Para la TransPyrenea de 900 km (562 millas) de Nico, con 56.000 metros (183.700 pies) de desnivel positivo, confió en un único par de zapatillas.
"Solo usé un par de T1", dice. "No sé cómo ese par de zapatillas lo consiguió, pero lo consiguió". Tenía un par de repuesto en una bolsa de avituallamiento, pero nunca llegó a usarlo. "Me quedé realmente, realmente asombrado por esa durabilidad", dice.
Después utilizó un par nuevo para los 500 km combinados del UTMB y el Tour de Geants. Un verano, tres pruebas épicas, dos pares de zapatillas y un testimonio de cómo trascender la distancia.
Descubre más sobre Nico Liu escuchando el podcast completo.