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Mount to Coast Oriol Antolí backyard ultra

Ingeniería de la resistencia

Cómo Oriol Antolí entró en los libros de historia.

Texto de Andy Waterman

Fotografías de Jacob Zocherman

En el Big's Backyard Ultra World Championships, el rendimiento no se mide en millas ni en minutos, sino en "yards". Cada hora, los corredores deben ponerse en línea para completar un bucle de 4,167 millas alrededor del jardín de Gary "Lazarus Lake" Cantrell. Lo único que importa son los yards completados. El proceso se repite cada hora, a la hora en punto, hasta que solo queda una persona en pie. No existe línea de meta; solo la gloria de ser el último en mantenerse de pie.

El mes pasado, el embajador de Mount to Coast Oriol Antolí compitió con los mejores del mundo durante 103 horas, cubriendo más de 690 km o 430 millas. Fue una gran marca personal, un récord nacional español y, en ese día, suficiente para lograr el séptimo puesto mundial. Fue una actuación de precisión calculada y una determinación sin límites. Pero para Oriol, el número en la tabla de resultados importaba menos que el dominio del momento.

"En realidad, no pensaba en la posición ni en la distancia", dice sobre su mentalidad antes de la carrera. "Pensaba en la sensación de estar satisfecho con mi rendimiento."

De la pista de baloncesto al sendero

A diferencia de muchos de los que se colocan en la línea de salida de un Campeonato del Mundo, Oriol no pasó su juventud corriendo en atletismo o campo a través. Durante años, su vida deportiva giró en torno al baloncesto.

"Entrenaba unas tres o cuatro horas al día, tres días a la semana", recuerda Oriol de su juventud en España. Esa base atlética forjó la resiliencia que necesitaría para destacar en el ultrarunning, aunque aún no sabía dónde estaba su destino. La transición a la carrera llegó casi por casualidad cuando se mudó a Madrid y necesitaba mantenerse en forma.

Empezó a correr por las calles y, un día, la curiosidad se apoderó de él. Cogió una moneda de un euro —el precio de un billete de metro para volver a casa si hacía falta— y se hizo una promesa a sí mismo.

"Me dije: OK, correré hasta que no pueda más", recuerda. Corrió con un móvil viejo en la mochila. Cuando por fin se detuvo, comprobó la distancia. "La distancia que cubrí fue de 36 km. Entonces me dije: OK, de 36 a 42 [una maratón], no es tanto."

Corrió esos 36 km con sus zapatillas de baloncesto, pero ese mismo día compró sus primeras zapatillas de running y se apuntó a una maratón. Ese fue el inicio de un camino que continúa hasta hoy.

Mount to Coast Oriol Antolí backyard ultra

La epifanía del Backyard

La entrada de Oriol en el formato Backyard fue igualmente accidental. Solo participó en su primera porque un organizador de carreras le dijo que la necesitaba como clasificatorio para otro evento de 400 km.

"Pensé que no me pegaría nada", admitió en un episodio reciente del podcast de Mount to Coast. Planeaba correr unas pocas vueltas y abandonar. Pero a medida que pasaban las horas, la psicología única del formato le enganchó. "Era como una sensación increíble, muy social. Luego, en algún momento, pasó de ser una carrera social a algo que supone un reto mucho más personal."

Descubrió que el Backyard es un ciclo de destrucción y renacimiento. "Después de cada Backyard Ultra que hago, desde que superé los 50 bucles, me parece que digo: OK, esto no lo vuelvo a hacer", cuenta. "Pero dos o tres semanas después, me digo que no, que esto es lo que amo. Quiero volver."

Ingeniando el bucle perfecto

En Mount to Coast hablamos a menudo de la intersección entre los datos y la dedicación. Oriol es la personificación de esta idea. Como ingeniero de profesión, aplica un enfoque metódico al caos de la resistencia extrema.

"Aplico todo mi conocimiento de ingeniería al running", explica.

Para el Campeonato del Mundo, Oriol sabía que el volumen por sí solo no era suficiente. Para sobrevivir más de 100 horas, no basta con correr mucho; hay que correr lo suficientemente rápido para tener tiempo de dormir. Trabajando con un entrenador, dedicó dos años específicamente a mejorar su velocidad.

"Los resultados son evidentes", reflexiona Oriol sobre su actuación en el Mundial. "Una de las claves es que soy capaz de ir rápido durante muchas millas."

Su estrategia en Big's fue una clase magistral en gestión de la energía. "Mi estrategia era ser conservador y 'guardar' la velocidad para los momentos en que necesitaba controlar el ritmo", explica. "Por ejemplo, al final de la segunda noche, después de casi 250 km, hice 35 km más rápido para poder dormir un poco más. La gran diferencia es que sentí que podía controlar el tempo de la carrera."

Mount to Coast Oriol Antolí backyard ultra

El equipamiento para el largo recorrido

En una carrera que se extiende durante días, la elección del equipamiento es fundamental. En Big's, los corredores alternan entre un bucle de trail durante el día y un bucle de asfalto por la noche. Oriol se apoyó en el sistema de Mount to Coast para responder a las exigencias específicas de cada terreno.

Confió en las R1 para los tramos de asfalto nocturnos y en las T1 para los bucles de trail técnico durante el día.

"Las T1 son las que más me gustan", dice Oriol. "Son como un juguete para un niño, porque puedes ir a cualquier parte... Una vez que aprendes a jugar con el sistema de cordones rápidos... es increíble." La posibilidad de ajustar el calce sobre la marcha resultó esencial a medida que sus pies se hinchaban y el terreno cambiaba a lo largo de cuatro días de movimiento continuo.

El misterio del cuerpo

Quedar séptimo en el mundo y establecer un récord nacional es un logro monumental, pero la lección que extrae Oriol es profundamente interna.

"¡Si te dijera que no estoy contento con el resultado, sería una gran mentira!", afirma. "Es una especie de satisfacción por haber hecho lo que quería hacer, y la sensación de estar orgulloso de mí mismo y del equipo es increíble."

Sin embargo, el verdadero atractivo del deporte para Oriol reside en lo desconocido. "De mi experiencia en carreras de larga distancia he sacado muchas lecciones, y la más importante es que no puedes imaginar cómo va a responder tu cuerpo a una distancia mayor de la que has recorrido antes. Este misterio es una de las cosas que me mantiene ligado a esta disciplina."

Describe la sensación de completar una carrera así como la creación de una "fuerte dependencia". El sufrimiento se desvanece, pero el autoconocimiento permanece.

"Ahora me conozco mejor", dice. "Entiendo cómo controlar mi cuerpo en un backyard ultra 'polarizado', y he reforzado mi autoestima quedando séptimo en el Campeonato del Mundo."

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De vuelta al futuro (del jardín)

El descanso es efímero para los apasionados. Aunque Oriol está tomándose actualmente un mes alejado del running serio para pasar más tiempo con su familia —tiene mujer y dos hijos—, su mirada ya está puesta en el horizonte.

Se ha inscrito en el Legends Backyard Ultra en Bélgica, un recorrido famoso por su potencial para batir récords. "Necesito descubrir ese recorrido", dice. "Necesito ponerme a prueba allí."

El camino de Oriol, desde una pista de baloncesto en España hasta ser uno de los últimos siete en pie en Tennessee, es un testimonio del poder de la perseverancia y de una dedicación sin límites. Nos recuerda que muchas veces no sabemos hasta dónde podemos llegar si simplemente decidimos que parar no es una opción.

Descubre más sobre Oriol Antolí escuchando el podcast completo.